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SALUD Y DESARROLLO PERSONAL PARA TODA LA FAMILIA

Canto Carnático

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Acompañar… es algo que de manera natural nos sale a las personas; si bien a algunas de manera más natural que a otras, o más consciente, o más empática, … cada cual tiene sus dones. Acompañar a las mamás, a las amigas y amigos, a las hermanas y hermanos, a los padres e hijos, … en el llanto, la risa o el dolor. En la vida.

Cada cual tiene sus dones… que suman a la experiencia que con ellos obtenemos; suman a los dones, cualidades de otros compañeros de camino… y suman… y suman… y vamos sumando.
Y el tacto es para mi un don muy especial. Nos permite transmitir emociones, conocer la temperatura corporal, con su variante de interpretaciones, tanto de salud como de estado de ánimo. Transmitir alerta, paz, calma, sentir el exterior, a nosotros y sentir al otro. Y cuando este don va unido a las terapias manuales como la reflexología podal, el drenaje linfático manual, la técnica metamórfica, el quiromasaje o el masaje relajante con aromaterapia, pueden dar ayuda y consuelo, ayudar a transitar el malestar físico y/o emocional a cualquier miembro de la familia.

Y “sumando” a la vida ganas de vivirla, la vida te va llevando de un encuentro a otro, de una experiencia vital, de amistad o de formación… o todas a la vez, juntas y revueltas, a otras experiencias igualmente juntas y revueltas, aunque en otras proporciones, haciendo así el camino para el que hemos venido.

Y en este camino, siempre sintiendo. El viento, el agua, la luz, el olor, los sonidos. El entorno se fusiona con nosotros a través de nuestros sentidos y nosotros con él. ¡Y cuando nos tocan… sentimos, y cuando olemos… sentimos… y recordamos! ¡Y cuando oímos o vemos, la gama de sensaciones se multiplican por mil!

¿Y cuando el sentido que más nos conecta es el del oído, como todos hemos experimentado en el útero de nuestra madre… ? Imaginemos, o mejor, recordemos… Su cantinela mientras trajina nos tranquiliza, el sonido constantemente presente del latido de su corazón nos da seguridad y serenidad… Si donde trabaja hay mucho ruido, nos retraemos hacia arriba, hacia sus tripas, donde el ruido se amortigua y baja su intensidad. ¡Nuestros oídos están tan nuevos! ¡Tan de estreno! y los huesos de mamá ¡transmiten tan bien las ondas sonoras! ¡su pelvis es una caja de resonancia tan eficaz!

Por eso cuando mamá canta nos gusta bajar y “sentir” el sonido que nos llega como ondas a través del líquido, en nuestra piel, como un masaje.

El canto nos conecta en un mismo plano energético de relax y placer. Su cuerpo se relaja, sus ondas cerebrales cambian a un estado meditativo ¡y las endorfinas fluyen!… por y con el río de la vida. ¡Es tan maravilloso cuando canta! Después de nacer cuando nos abrazan, el sonido de su corazón, el de su voz, nos hace sentir seguridad y tranquilidad. Por eso, nos gusta tanto que nos canten nanas para dormir, porque nos da esa seguridad que a todos nos falta en la oscuridad de la noche, antes de abandonarnos al sueño… Para poder dormir… Para poder despertar y seguir sumando… y sumando… experiencias, sentires, amores, sapiencia… viviendo. Experimentando con y en el entorno.

El Canto Carnático es un canto tradicional del sur de la India, que introdujo y enseñó en Europa en los años 60 el ginecólogo y obstetra francés Fréderick Leboyer, conocido como el instigador y defensor del parto sin violencia.
Basado en la respiración abdominal y la repetición de vocales en distintos tonos, favorece la segregación de endorfinas al torrente sanguíneo de la madre que llegan al bebé a través de la placenta. Las ondas cerebrales durante el canto, cambian a las propias de un estado meditativo, con lo que bebé y mamá identifican el canto con el estado de relajación y bienestar, fortaleciendo el vínculo mamá-bebé. Esta situación favorece que la energía se renueve y el cansancio físico disminuya, condiciones ideales para afrontar el parto y postparto.
Después de nacer, el canto le induce al mismo estado relajado que cuando estaba en el útero de la madre, ayudando así en los posibles momentos de inquietud o malestar que pueden aparecer durante la primera crianza.
Este estado de bienestar que provoca el Canto Carnático, no es exclusivo de las mujeres embarazadas, es extensible a todos, especialmente a las mujeres por la relación refleja que existe entre la garganta y el canal de parto. Es una perfecta opción para aquellas que viven sus ciclos hormonales con dificultad o para los cambios vitales propios de estos ciclos.

Josefina.

A continuación, un fragmento del documental “Nacimiento Sin Violencia” de Frederick Leboyer, donde se muestra la técnica del Canto Carnático.

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